Atravesando la emoción

Toda nuestra vida queda bañada por la emoción… cada experiencia, cada informacion de los sentidos, cada pensamiento, pasa por el filtro de la emoción y, por tanto, por la subjetividad. 

Porque yo siento las cosas de una manera diferente a ti, porque mis experiencias han moldeado mi sistema nervioso y mi cerebro, de una manera única. 

Las emociones nos instan a tomar acción, a comportarnos de una u otra manera. Las emociones son las que nos han permitido sobrevivir en un mundo donde acechaban miles de peligros. A las emociones les debemos que hoy podamos seguir viviendo. 

Por eso no se trata de rechazar a las emociones… se trata de sentirlas, interpretar sus mensajes y ser capaces de re-orientar nuestra conducta más allá de la impulsividad de la emoción.

Debemos honrar nuestras emociones porque solo quieren que vivamos para aprender y experimentar.  

En terapia (y en mí), me he dado cuenta de que estamos profundamente desconectados de las emociones porque nos dan miedo, nos da miedo sentir demasiado y por eso ponemos muros, nos escondemos en una armadura que creemos que nos protege, pero que en realidad nos aleja de todo. 

Porque cuando reprimimos una emoción negativa y vamos creando esa armadura, no somos conscientes de que también nos cerramos a sentir emociones agradables y positivas. Y es así como nos vamos desconectando de la vida y de nosotros, viviendo como autómatas y sintiendo que la vida debe ser algo más que esta sucesión de días infinitos donde no sentimos nada. 

En este artículo, quiero hablarte de las 3 fases que para mí son fundamentales para tener una buena salud emocional, ¿me acompañas?

Primera: La emoción en el cuerpo

En un mundo donde el cerebro es el rey, nos olvidamos de que somos más cuerpo que cerebro. Tendemos a creer que debemos acudir a nuestra parte racional para conectar con la emoción. 

La realidad es que primero debemos conectar con el cuerpo y sentirlo para identificar lo que nos ocurre. A esto es a lo que se llama desarrollar la “conciencia somática”. Ser capaz de conectar con mi cuerpo y sus sensaciones, observando la manera en que la emoción me habla a través del cuerpo. 

En mi aprendizaje vital y profesional, me he dado cuenta de que hay ciertas sensaciones físicas básicas, que nos conectan con la emoción. Te sugiero acudir a estos lugares para observar a las emociones que están vivas en ti…

  • Abdomen: La cavidad abdominal está llena de órganos, el intestino, sus neuronas y microbiota tienen mucho que decir sobre nuestras emociones. El nervio vago vagabundea por cada recodo del abdomen, por cada órgano y víscera, transmitiendo los mensajes de éstos, al cerebro. En el abdomen podemos sentir varios tipos de sensaciones: desde nudos y vacíos hasta la sensación de pesadez. Cada sensación guarda un mensaje que debes descifrar en tu caso. En mí, por ejemplo, el nudo en la boca del estómago o plexo solar, me habla de preocupaciones, estrés y ansiedad. La sensación de vacío en la parte media del abdomen, me habla de vacíos emocionales, carencias y heridas emocionales que se activan. Conviértete en detective de tus sensaciones corporales. 
  • Pecho: Es una gran zona, lugar de la respiración y el corazón. El corazón, con su eterno latir, crea un campo electromagnético que comunica a los demás nuestras emociones de manera silenciosa. Cuando siento presión en el pecho, es para mí una señal de angustia, como si algo no encajara en mí o en mi vida. Noto taquicardia cuando estoy muy estresada y me auto-exijo demasiado. En cuanto a la respiración… me habla de mi estado emocional… de nerviosismo cuando siento que no puedo llenar completamente mis pulmones, de estrés cuando mi respiración es muy superficial y rápida, me habla de calma y serenidad cuando puedo sentir el movimiento ondulante de cada inhalación y cada exhalación. 
  • Garganta: El lugar desde el que nos comunicamos al mundo, donde nuestro ser interior se hace visible para los demás. En la garganta, puedo sentir un nudo que me ahoga cuando no me permito llorar y soltar así la emoción, otras veces siento que mi garganta se cierra y no puedo pronunciar palabra, esto suele ocurrir cuando me siento muy abrumada o sobre-estimulada. Mi garganta y mi voz quedan bañadas por las emociones a través del nervio vago, que se extiende como una mariposa.  Para mí, la voz es fundamental y creo que tiene un poder tranquilizador y sanador en sí mismo. 

Segunda: Atravesar la emoción

En el momento en que conecto con mi cuerpo y sus sensaciones, ya estoy dando espacio a mi emoción. La segunda parte es la de atravesar la emoción como el navegante atraviesa una tormenta en el océano. Muchas veces no puedo saber cuánto tiempo me llevará atravesar la emoción… pueden ser días o semanas, pero me quedo conmigo, me sostengo a pesar del miedo y del dolor. 

Atravesar la emoción es la parte más difícil porque está llena de incertidumbre y miedo. Miedo porque tememos la intensidad de las emociones, miedo porque toda nuestra vida queda supeditada a esa tormenta emocional que nos acompaña allá donde vayamos. 

Atravesar la emoción es quedarme conmigo misma, es quedarme con la sensaciones físicas de la emoción, pero también hay mucha regulación. Cuando aprendemos a regularnos bien emocionalmente, podemos prevenir este tipo de tormentas para que no sean tan intensas, pero siempre podemos regularnos incluso en plena tormenta… y una vez más, nuestro cuerpo será la clave de la regulación.

Tercera: Regularnos 

Parece la parte más obvia, pero es la que más nos cuesta. Lo ideal es tener una “higiene emocional diaria o semanal” que nos ayude a estar lo más equilibrados posibles. De esta manera, los huracanes emocionales se convertirán en tormentas de verano que no destruyen todo a su paso. Hay varias cosas que considero esenciales para una buena regulación emocional…

  • Anclarnos al cuerpo: El cuerpo comunica toda emoción sentida y podemos usar este mismo canal para regularnos, porque la comunicación cuerpo-cerebro se produce a cada instante y nuestro cerebro da prioridad a la informacion que llega del cuerpo (postura, gestos). Cuando sentimos una emoción muy intensa, algo muy útil es enraizarnos a través de nuestro pies. Sentir los pies en contacto con el suelo, nos ayuda a salir de la emoción y nos trae al presente. Pruébalo… cierra tus ojos y observa tus pies en el suelo, siente la energía de la gravedad que te mantiene unido a la tierra. 
  • Mover el cuerpo: Otra cosa muy útil cuando estamos demasiado llenos de energía emocional, es mover el cuerpo… caminar o estirarnos, me parece la mejor manera de regularnos antes de actuar o hablar de manera impulsiva y crear conflictos a nuestro alrededor. Recuerda que la emoción es pasajera, pero si somos impulsivos al hablar y actuar, las consecuencias de esas emociones pasajeras, pueden durar mucho tiempo. 
  • Observar la respiración: Otro ancla esencial para mi regulación emocional, es la respiración. Especialmente cuando tengo una emoción intensa o cuando mi empatía es tan elevada que me fusiono con la emoción ajena. En estos casos, la respiración siempre me vuelve a traer al presente, a mi cuerpo y por lo tanto, a mí misma. Puedes usar alguna técnica de respiración concreta como la exhalación doble o simplemente tomarte 5 minutos para observar tu respiración… es profundamente liberador. 
  • Explorar racionalmente la emoción sentida: Solo cuando he logrado calmar mis centros emocionales del cerebro, podré acceder a las zonas cerebrales más modernas y racionales, el córtex cerebral. Es en ese momento en el que puedo empezar a comprender lo ocurrido a nivel racional. 
  • Transformando a la emoción: Por último, tras esta regulación inicial desde el cuerpo, podré transformar la emoción en otras cosas… en palabras que escribo, en un dibujo, en sabiduría que adquiero y comparto. Es el acto final de regulación, la manera de soltar una emoción que he sostenido y honrado

Espero que este artículo te ayude a perder el miedo a tus emociones y a las sensaciones de éstas en el cuerpo… recuerda que todo es por ti. Tu cuerpo y mente velan por ti cada segundo, hónralos escuchándolos y sosteniéndolos en la alegría y en el sufrimiento.

“Las emociones no son buenas ni malas; solo son señales que nos invitan a reflexionar”

– Brené Brown –

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