La mente rígida

La mente humana… el gran misterio. Posee tantas capas, que comprenderla en su totalidad, me parece casi imposible. Hay tantos matices, tantos mecanismos, es tal la profundidad del subconsciente, que bucear en ella, es un viaje que puede durar toda nuestra vida.

Solemos creer que la mente que siente y piensa, la que toma decisiones y busca soluciones a los problemas, se asienta en el cerebro. Yo he descubierto que la mente está presente en todo nuestro cuerpo… en las neuronas del intestino, en las neuronas del corazón, en el cerebro, en cada célula del cuerpo. 

Creer que nuestra mente pensante está encerrada en el duro cráneo, es el inicio de la mente rígida… porque parece que la mente no se puede mover, que está encerrada en una cueva oscura, viendo los reflejos de la realidad en una de las paredes de esa cueva, como en el mito de la caverna de Platón. 

A lo largo de mi experiencia como psicóloga, me he dado cuenta de que la mente pensante se desarrolla en (al menos) 2 modalidades…

  • Mente “preguntona”: Es una mente que se hace muchas preguntas… a veces demasiadas, llegando a crear bucles de preguntas cuya respuesta no está disponible para nosotros o cuyas respuestas nunca llegaremos a conocer. Esta mente es angustiosa porque nos sentimos atrapados en miles de dudas que se quedarán para siempre con ese interrogante. 
  • Mente en bucle: Este tipo de mente prefiere enredarse en pensamientos. Emite frases y conecta una idea con otra, tiende a quedarse enredada en pensamientos negativos y cada vez encuentra más cosas negativas. Esta es la mente que rumia, que toma un pensamiento y no lo suelta durante horas o incluso días. Quienes poseen esta mente, se quedan atrapados en esos bucles. 

La mente rígida la sentimos como…

  • Perfeccionismo: No admitir errores, desorden y buscar algo imposible… la perfección. 
  • Apego al resultado: Querer que las cosas sean de cierta manera y frustrarnos cuando no es así.
  • Resistencia al cambio: Incluso cuando la vida fuerza el cambio, hay resistencia.  
  • Exceso de pensamientos: Lo que lleva a una desconexión emocional. 
  • Pensamientos negativos: Tiende a pensar en negativo como mecanismo de protección. 
  • No aceptar ideas alternativas: Nos quedamos atrapados en moldes mentales creados hace tiempo. 
  • Exceso de rutinas: No hay cabida para la improvisación. 
  • Autoritarismo: Desarrolla una actitud autoritaria para imponer su visión de las cosas. 
  • Auto-crítica: Nos hablamos mal, nos quitamos valor y nos sentimos inútiles o fracasados. 
  • Rechazo: La primera respuesta a algo nuevo es “No”. Nos rechazamos a nosotros mismos. 
  • Miedo: Es una mente llena de miedos que siempre sentirá temor porque no acepta el cambio.
  • Insatisfacción vital: La mente rígida nos lleva a sentir una profunda insatisfacción. 
  • Frustración y enfado: Porque las cosas y personas, no encajan en nuestro “molde mental”. 
  • Victimización: Al quedarnos estáticos mientras el mundo gira, nos sentimos víctimas de la vida. 
  • Agotamiento: Querer que todo encaje en nuestro molde, requiere mucho esfuerzo y eso nos agota. 

La mente rígida que rumia

Una mente rígida nos hace sentir atrapados. Cuando tratamos de poner límites a la vida o a nosotros mismos, podemos sentir cierta tranquilidad inicial, pero a medio-largo plazo, sentiremos que somos cautivos de esa mente que piensa demasiado. 

En psicología, llamamos “rumiación” a un tipo de pensamiento que es constante, repetitivo y suele ser de carácter negativo, aunque en ocasiones también rumiamos con cosas positivas. 

La mente rígida tiende a rumiar, que no a reflexionar. La rumiación es agotadora, la sentimos como si nuestra mente tuviera un aspirador gigante que absorbe toda nuestra atención y la dirige a un único tema… generalmente algo que nos preocupa. 

El pensamiento rumiativo, es habitual en procesos de depresión, en trastornos de ansiedad y en otros problemas psicológicos. En ocasiones, tras mucho repetir este tipo de pensamiento, podemos llegar a rumiar y nunca reflexionar. 

Las rumiaciones, pueden ser en forma de bucle o en forme de preguntas eternas e infinitas cuyas respuestas nunca conoceremos. La mente rumiativa, consume mucha energía y solemos sentirnos agotados mentalmente. 

La naturaleza de la mente, es crear pensamientos… pero se deben producir pensamientos cambiantes. Suelo utilizar la metáfora de que la mente es un faro y la atención es la luz de ese faro. Cuando rumiamos, la luz de nuestra faro deja de girar y se concentra en un solo punto… por eso nos desconectamos de otras cosas y nos enfocamos solo en lo que ilumina la luz. Una manera de salir de la rumiación, es hacer girar de nuevo la luz de nuestro faro mental, es decir, llevar nuestra atención a otros lugares… el cuerpo, lo que nos rodea, sensaciones, la respiración, etc. 

La mente rígida también se preocupa de manera inútil… se enreda en pensamientos que solo aumentan nuestro malestar y que no aportan ninguna solución. Nos mantienen cautivos de la queja sin permitirnos pasar a la acción. La mente rígida nos sitúa como víctimas de la vida, el destino o de otras personas. 

La mente flexible que reflexiona

Tendemos a creer que una mente flexible no tiene opiniones propias, que es variable y se adapta a lo que otros quieren. 

El tipo de flexibilidad a la que yo me refiero, tiene más que ver con abandonar toda lucha y resistencia a lo que ES. 

Para mí, la flexibilidad es convertirnos en el agua del río… el agua no lucha contra la roca para que desaparezca de su camino. El agua acepta que la roca está donde está, la observa, la siente y la rodea. 

Debemos convertirnos en agua cuando la vida nos trae obstáculos o cosas que no nos gustan… no se trata de cambiar lo que ES (las circunstancias vitales, otras personas), se trata de estar conectado a ti e identificar que esa roca en el camino debes bordearla, permitiéndole su existencia tal y como la roca (o las personas) deciden ser.

La mente flexible tiene un pensamiento útil, porque se centra en las alternativas posibles, reflexiona tomando información de varias fuentes e integrando la nueva información con la que ya poseía antes, conectando la experiencia con el conocimiento. 

La mente flexible nos devuelve todo el poder de decisión, dejamos de ser víctimas para convertirnos en constructores, arquitectos de nuestra propia vida. Y es así como nos fortalecemos, es así como nos hacemos más conscientes de nuestras fortalezas. 

Construyendo la mente flexible

La mente flexible ha de construirse, porque la rigidez nos aporta seguridad. Algunas cosas que me han ayudado a hacer algo más flexible mi mente han sido… 

  • Desapego de la mente, del cuerpo: Una de las primeras cosas que aprendí cuando me introduje en el budismo y la práctica de mindfulness, fue que yo no soy mi mente, yo no soy mis pensamientos, yo no soy mis emociones y yo tampoco soy mi cuerpo. Yo soy la espectadora que siente el cuerpo y las emociones, que identifica los pensamientos y contenidos de la mente. Desarrollar tu conciencia testigo, te ayudará a ser más flexible y a dejar de ser cautivo de tus pensamientos. 
  • Admitir otras visiones: La verdadera riqueza de la vida, se encuentra en las visiones alternativas, porque cada ser humano es diferente. Puede ser que no estés de acuerdo con la visión de otra persona, pero siempre puedes aprender algo de ella. 
  • Abandona todo juicio: Deja a un lado la crítica destructiva, deja el papel de juez que nunca debiste tomar. Cada cual hace lo que puede con lo que sabe en cada momento… incluido tú. 
  • Aceptación: Es la clave de la flexibilidad… aceptar todo y a todos tal y como son. Supone una ausencia de resistencia. Tendemos a creer que aceptar algo tiene que ver con estar de acuerdo y que nos guste. Pero la verdadera aceptación, tiene que ver con dar cabida a todo, es abandonar toda resistencia y lucha. Es liberador. 
  • Descansa en ti: Dedícate tiempo, pasa tiempo a solas contigo, medita, mueve tu cuerpo, conecta con la naturaleza y con otras personas. Permítete SER quien eres, aceptándote plenamente… nunca ha habido nada mal en ti… empieza a quererte. 

“Estos ojos no son yo. No estoy atrapado en estos ojos. Estas orejas, nariz, lengua, cuerpo y mente no soy yo. No estoy atrapado por las formas, los sonidos, los olores, los sabores, los contactos o los pensamientos que tengo”

– Sutra del corazón –

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