El ser humano se desarrolla en torno a las experiencias vitales que tiene y eso depende de la manera con que nos relacionamos con otras personas.
A veces, aprendemos que se nos da bien escuchar y que quienes necesitan ayuda, acuden a nosotros. Tal vez somos demasiado pequeños y no entendemos por qué pasa esto, pero aprendemos algo importante…
Que si estoy disponible para los demás, obtendré atención y la atención es amor, cariño, pertenencia
Todo ser humano desea sentir que pertenece a un grupo, ya sea la familia, los amigos, la cultura, etc. Nuestra supervivencia ha dependido desde los albores de los tiempos, en formar parte de un clan donde nos sentirnos protegidos y seguros incluso cuando el mundo que nos rodea es peligroso y amenazante.
Así, cuando aprendemos que hay algo en nosotros que nos hace sentir importantes para otros y que nos proporciona atención y amor, comenzamos a comportarnos así de manera habitual.
El papel de Salvadora es algo que me ha acompañado toda la vida, aunque no siempre lo he sabido.
Hace 5 años, en la especialización que realicé de terapia transpersonal, descubrí la gran mochila de la Salvadora que cargaba conmigo.
Desde el momento en que lo supe, quise profundizar más, comprender este personaje de mi Salvadora que me ha hecho elegir una profesión tan bonita como la psicología.
La Salvadora y su transformación
Cuando me aproximé a mi Salvadora, conocí muchas facetas de ella (y de mí)…
- Me encanta conectar emocionalmente con la gente.
- Me gusta sostener emociones complicadas.
- Anhelo aliviar el sufrimiento ajeno.
- Mi Salvadora ha desarrollado la herida de rechazo y abandono.
- Me olvido de cuidarme a mí misma y ese es mi gran reto y aprendizaje.
- La Salvadora es muy intensa e invasiva y a veces eso agobia a quienes ayudo.
- A veces trata de tomar decisiones por el otro y es ahí donde las bondades de la Salvadora, se pierden.
Mi Salvadora es encantadora, amable y da gusto hablar con ella… pero también se agota, especialmente cuando se pierde en las emociones ajenas.
Por eso he aprendido que mi Salvadora, necesita ser transformada. Y de esa transformación, nace la Sanadora…
- No impone nada.
- Acepta que eres un ser con libre albedrío que decide lo que desea.
- Acompaña, ya no salva.
- Guía, no impone ni invade el espacio del otro.
- Es flexible y acepta que las cosas no son como ella quiere.
- Es tolerante, no juzga ni critica.
- Se pone al servicio de los demás pero sin olvidarse de sí misma.
Transformar a mi Salvadora es un trabajo que requiere tiempo y paciencia. Llevo interpretando ese papel más de tres décadas y el cambio ha de ser paulatino. Debo de ser amable conmigo misma.
Las relaciones de la Salvadora
Las relaciones que mantiene una Salvadora (o Salvador) con su entorno, giran en torno a la sobre-protección para evitar el sufrimiento ajeno. Estas relaciones son…
- Necesidades ajenas: La relación se mueve en torno a las necesidades del otro, tú no formas parte de la relación. Solemos salir de la ecuación para volcarnos completamente en la otra persona.
- Apoyo: Nos convertimos en el apoyo y sostén y eso nos hace sentir útiles. Tarde o temprano, llega un momento en que nos sentimos agotados e incluso utilizados porque sentimos que no recibimos nada.
- Relaciones dependientes: Desarrollamos nuestras relaciones en torno a la idea de que otra persona “me necesita” y cuando el otro se siente mejor y quiere más libertad, lo sentimos como rechazo. Esto nos lleva a huir de esa relación, desaparecemos para protegernos.
- Relación funcional: La Salvadora tiene una función y cuando se acaba esa función, la relación «muere». La sensación final que solemos tener, es que nadie nos comprende, a pesar de darlo todo por la otra persona. Se nos olvida que estamos dando cosas que nadie nos ha pedido.
- Atención y sensación de control: Inconscientemente, nos relacionamos desde el cuidador o salvador porque nos hace sentir necesarios para el otro y eso nos hace sentir queridos. Sentimos que tenemos el control de la relación.
- Buscando seguridad: Hemos aprendido que es más seguro relacionarnos desde lo que damos al otro, donde el otro es el protagonista y nosotros somos menos visibles.
- Lo que obtenemos: Siendo Salvadores, obtenemos muchas cosas… ayudamos a otros, nos ponemos a disposición de los demás, nos sentimos bien por ayudar. Alimentamos nuestra empatía y altruismo. Y por eso se mantiene este rol.
- Pertenencia: Tenemos sensación de pertenencia, pero es una relación condicionada a que el otro esté mal o necesite ayuda y que tú puedas ser su ancla.
- Relaciones intensas: Son relaciones que la otra persona puede sentir como invasiva porque damos mucha presencia y ayuda, nos implicamos demasiado. Debemos aprender a transformar a la Salvadora en acompañante.
Tal vez haya resonado contigo esta manera de relacionarte con los demás, si es así, te invito a observar a tu Salvadora interna y poco a poco, te sugiero que la transformes para sentirte más libre en tus relaciones y más feliz.
* Contenido creado por un ser humano en su totalidad. No ha sido consultada ninguna Inteligencia Artificial (No IA).
“Atrévete a amarte a ti mismo como si fueses un arcoíris con oro en ambos extremos”
– Aberjhani –

