La vida es un ciclo tras otro y estación tras estación, nos conectamos con la impermanencia de la vida.
Este año estamos recorriendo las diferentes estaciones del año con nuestras gafas altamente sensibles. Y al fin llegamos al otoño… mi época favorita del año.
Atrás quedaron las calurosas noches de verano, ya se fueron los días de playa y de despreocupación. Llega el otoño suave, silencioso, pero dejando su huella en todo lo que nos rodea… en las hojas que abandonan el árbol, en menos horas de luz, en la temperatura más baja, en las nieblas y la lluvia.
En esta estación, la naturaleza exhibe su verdadera naturaleza, llena de colores vivos, dejando ir aquello que ya se ha marchitado, soltando todo lo que le sobra y quedándose con lo esencial.
Creo que para los humanos, el otoño tiene este mismo efecto… nos despoja de lo artificial y nos conecta con las raíces,con lo que nos mantiene en pie, con lo que nos hace ser quienes somos.
Como Persona Altamente Sensible (PAS), el otoño deja en mí una huella profunda…
La paleta de colores
Los colores de la naturaleza siempre me gustan, pero lo que sucede en otoño, es una verdadera explosión de color. Los marrones, rojos, amarillos, dorados y naranjas, se enlazan con el verde de los pinos y el azul del cielo.
Los colores cálidos del otoño me recuerdan al fuego que nos calienta, al dulce de las calabazas y de las castañas, a la relajante sensación de envolver mis brazos en una manta. La luz amarillenta del otoño me recuerda a las velas, que me señalizan el sendero hacia mi interior.
Esta calidez siempre me conecta con la melancolía, con la necesidad de retirarme del mundo y convertirme en una mera observadora.
El silencio
La estridencia del verano ya se fue y ahora nos quedan los sonidos suaves del otoño… las hojas secas que abandonan el árbol que les dio vida, el canto de los pájaros atenuado, el sonido de la lluvia que atraviesa las hojas y humedece el suelo, el olor fresco de la madre Tierra tras la abundante lluvia, el frío silencioso de la niebla que esconde el mundo.
El silencio se va abriendo paso, preparándonos para el invierno. Este menor sonido externo, siempre me ayuda a mantener un mayor silencio interno. Me ayuda a pausarme, a ir más lenta, a disfrutar de cada paso que doy.
Para mí, esta estación es fantástica porque el mundo parece girar más despacio, no me empuja con fuerza como lo hace el verano. Y ese ritmo calmado, encaja a la perfección con quién soy yo.
El descanso
El mundo reduce el ritmo frenético del verano y eso automáticamente, me conecta con el descanso… puedo centrarme menos en el hacer y más en el SER.
El ritmo de la naturaleza es más suave, más nostálgico y siento que veo a mi alrededor, un reflejo de lo que hay en mi interior. El otoño, al ser una estación de transición entre el calor abrasador del verano y el gélido frío del invierno, me ayuda a entender que los cambios tienen pasos intermedios, que no todo sucede rápido, que la paciencia está presente incluso en la madre Tierra.
El descanso que alcanzo en otoño, está lleno de calma y serenidad, de una belleza profunda que penetra en cada poro de mi piel y me hace disfrutar de mi propia compañía.
Menos horas de luz
La potente luz del verano ya pasó, el calor del sol se reduce y comienzo a sentir una sensación muy agradable al bañarme en la luz solar del otoño.
Las horas de luz se reducen, las noches son más oscuras y siento que eso me ayuda a descansar mucho mejor, a dormir mejor. Y con menos horas de luz, llegan temperaturas más bajas, la excusa perfecta para acurrucarme bajo las mantas y sentirme consolada y sostenida.
Menos horas de luz suponen cambios hormonales y cerebrales importantes… se reducen los niveles de serotonina, lo que podemos sentir como más melancolía. Aumentan los niveles de melatonina y muchas personas sienten más somnolencia y cansancio. A mí me ocurre lo contrario, el calor del verano me agota y en otoño, con sus temperaturas más suaves, tengo más energía y enfoque.
Introspección
En otoño comienza la etapa del año donde la introspección es más aceptada, más natural. La expansión del verano se transforma poco a poco en otoño en un “ir hacia dentro”. En mi interior está mi refugio esencial, ese lugar seguro al que acudir y en el que descansar cuando el mundo que me rodea me fatiga.
Mi mente, más fresca que en el verano, conecta más con su creatividad y me apetece más escribir para explorar mi mundo interior.
Además de la introspección, siento que el otoño me conecta con la solemnidad. La solemnidad parece una emoción del pasado, pero es una interesante mezcla de seriedad, respeto y asombro. La naturaleza siempre me invita a conectar con esa solemnidad que vive en mí, conectando con una espiritualidad más profunda que hunde sus raíces en lo trascendental, en lo primitivo, en lo sagrado.
Emociones silenciosas
Nuestro mundo emocional cambia en otoño. La vida reduce su ritmo, especialmente en el nivel social. Y eso siempre me parece bien. Nuestro cuerpo se mueve más lento y las emociones que suscitan los cambios en la naturaleza, son también más lentas, pausadas.
Las emociones que más suelo experimentar en esta etapa del año son… melancolía, nostalgia, felicidad por cosas simples (como arroparme con una manta), el asombro de la naturaleza llena de colores, la serenidad de poder vivir con más calma.
Mi mundo emocional siempre vive en otoño… pero la vida me exige salir de esas emociones y eso me agota… por eso necesito cuidarme y tener momentos de introspección y soledad en cualquier momento del año, sea la estación que sea.
Lo que me enseña el otoño
El otoño me deja muchas lecciones llenas de sabiduría…
- La importancia de soltar aquello que ya no puede existir.
- El cambio es la única cosa permanente de la vida.
- La introspección es lo que me trae de nuevo a mi centro.
- Mis hojas se pueden caer, pero mis raíces son fuertes y están arraigadas.
- La pausa, el silencio y el descanso, me llenan de vida.
- El otoño me conecta con la sabiduría y la madurez.
- Las transformaciones y momentos de transición están llenos de belleza.
- Mi mundo emocional es un espacio sagrado que he de nutrir y cuidar.
Y tú, querido lector, ¿cómo vives el otoño?
* Contenido creado por un ser humano en su totalidad. No ha sido consultada ninguna Inteligencia Artificial (No IA).
“El otoño es una segunda primavera, donde cada hoja es una flor”
– Albert Camus –

