La estructura interna de la mente humana es un misterio que aún hoy la neurociencia trata de desvelar. El ego puede tener diferentes acepciones dependiendo del enfoque desde el que lo estudiemos… todo depende de las gafas que llevamos puestas…
- El ego para el psicoanálisis… Freud nos legó un primer esbozo de las estructuras de la mente, muchas de ellas inconscientes. Para Freud, el ego es la parte consciente de nuestra mente que es racional y nos empuja a actuar. Es una estructura intermedia entre los deseos ocultos que podemos tener y la realidad. De este modo, el “ego” trata de satisfacer nuestros deseos de una manera más segura y adaptada.
- El ego para la neurociencia… desde esta perspectiva, el ego es el resultado de la activación de una red neuronal que nos permite divagar, analizar y pensar en nosotros mismos, en nuestras acciones y reflexiones. La “red neuronal por defecto”, es el estado natural de nuestro cerebro cuando no estamos enfocados en otras actividades. Es como una melodía que siempre está dispuesta a sonar, es aquí donde se construye esa imagen estática de quién soy “yo”. Cuanto más tiempo pasamos en esta red neuronal, más infelices somos… el ego excesivo nos hace sufrir.
- El ego para la psicología moderna… es una estructura mental interna que nos permite organizar nuestra identidad (quiénes somos), funciona de manera narrativa (crea historias). El ego es el “yo” que hemos construido a lo largo de nuestra vida, la identidad humana que creamos a través de las experiencias vividas y a través de la personalidad. Podemos hablar de un “ego sano” que es aquel que nos da esa idea de identidad y hay un “ego insano” que trata de controlar, es rígido, juzga y nos hace chantaje emocional para hacernos sentir mal.
- El ego para el budismo… desde esta perspectiva más filosófica y espiritual, el ego es una “ilusión mental”, una construcción que crea nuestra mente para hacernos creer que somos entes separados de todo cuanto ocurre en la vida. El ego crea la ilusión de la separación (con el resto de humanos y con la vida), de que somos fijos y no cambiamos a lo largo de la vida. Desde esta perspectiva, el ego es solo un conjunto cambiante de pensamientos, emociones, sensaciones corporales y memorias. Buda enseñó el “Anatta (no-yo)”, no hay un centro fijo en nosotros, somos parte de un flujo constante e interdependiente con el universo.
Sea como sea, el ego parece ser una parte de nosotros mismos que hemos desarrollado a lo largo de nuestra vida y que nos permite vivir en un mundo de construcciones mentales, donde uno mismo se convierte en una construcción más, interpretando ciertos papeles en la vida.
Cómo identificar la presencia del ego
El ego no lo podemos eliminar, aunque sí podemos ser conscientes de los momentos en que el ego trata de actuar mas allá de nuestra voluntad. Algunos signos de la presencia del ego, son…
- Juzgar en exceso: Es la mejor manera de escuchar la voz del ego. Este juicio puede ir dirigido a otros o a nosotros mismos. Esa voz crítica que todo lo sabe y que cree que lo correcto es lo que el propio ego piensa. El ego, en su intento de simplificar nuestro complejo mundo, se pierde en clasificaciones radicales del tipo “bueno-malo”. Su intento es bueno, pero el resultado es perjudicial a largo plazo.
- Rigidez e inflexibilidad: La mente rígida es aquella que quiere imponer a los demás su propia visión, es aquella que no reflexiona con calma y se siente incapaz de mover sus límites, es una mente poco elástica y flexible que conduce al sufrimiento. Una mente rígida se compone de… perfeccionismo, auto-crítica, victimización y produce un gran agotamiento.
- Resistencia al cambio: El ego, esta ilusión que ha creado nuestra mente pensante, es muy resistente al cambio, se aferra a lo que considera verdadero y rechaza el resto. La razón de ser del ego, es crear estabilidad interna ante un mundo caótico, por eso nuestra mente se aferra a lo que cree seguro, porque nos ayuda a no perdernos en lo que la mente cree que es un caos absoluto.
- Chantaje emocional: Podemos escuchar al ego claramente cuando nos muestra argumentos para que solo pensemos en nosotros mismos. Usa la mente pensante para chantajearnos emocionalmente, nos hace sentir mal para susurrarnos que debemos defendernos, que la vida es injusta, que los demás solo nos hacen daño o que nada tiene sentido.
El ego es una estructura primitiva que solo quiere nuestra supervivencia. Por eso se ha ido afinando a través de miles de millones de años evolución humana para ayudarnos a detectar amenazas y nos impulsa a satisfacer nuestras necesidades básicas (comida y refugio). El problema sucede cuando el ego lo ocupa todo y solo miramos por nosotros en un mundo donde los peligros que nos acechan no ponen en riesgo nuestra supervivencia.
Maneras de convivir con el ego
Podemos pensar que estamos en una sociedad donde el ego ha triunfado… y en parte es así. Una sociedad en exceso individualista, donde vivimos aislados de otros seres humanos, hemos perdido la conexión con el clan y eso nos hace enfocarnos en exceso en nosotros mismos.
No podemos destruir al ego, pero podemos aprender a convivir con él sin que suponga una fuente de sufrimiento. Algunas cosas que nos ayudan son…
- Meditar: La neurociencia ha demostrado que se reduce la actividad de la “red neuronal por defecto” (la sede del ego en el cerebro), cuando meditamos. El acto de meditar consiste en observar nuestra mente, su diálogo y sus viajes a través de los recuerdos pero sin quedarnos atrapados en ellos, tomando el asiento de observador. La tarea de observación nos ayuda a recordar que no somos la mente ni las emociones, somos el espectador de todo ello.
- Equilibro entre yo y los otros: Como todo en la vida, en el equilibrio está la maestría y la sabiduría. No debemos darnos completamente a los otros olvidándonos de nosotros mismos, como tampoco debemos enfocarnos exclusivamente en nosotros, llegando a hacer cosas que puedan herir a otros. Debemos tener momentos de introspección y soledad, combinados con momentos de socialización y contacto con otros seres humanos. Debemos evitar convertirnos en un Salvador-superhéroe y también debemos huir del narcisismo.
- Conecta con tu espiritualidad: La espiritualidad nos ayuda a conectar con algo más grande que nosotros mismos, algo más significativo que es capaz de dotar de sentido a nuestra vida. Creo que la espiritualidad es una fuente de asombro, de sorpresa, de conexión profunda con nuestra verdadera esencia. Cada persona debe encontrar su manera de conectar con la espiritualidad… a través de alguna religión, a través de maestros que guían, a través de la conexión profunda con la naturaleza, en la propia meditación. Sea como sea, busca aquellas cosas que te aproximan a una idea más profunda de la vida y de ti.
Necesitamos convivir con el ego pero no quedarnos atrapados en él, por eso podemos aprender a convivir con él a través de nuestraflexibilidad para poder salir de nosotros y conectar con el mundo que está más allá… otros seres humanos o seres sintientes, la naturaleza o divinidades que nos guían.
Encuentra tu manera de convivir con el ego y aprender a ser feliz.
* Contenido creado por un ser humano en su totalidad. No ha sido consultada ninguna Inteligencia Artificial (No IA).
“El ego es simplemente una idea de quién eres que llevas contigo”
– Wayne Dyer –

