La curiosidad es el motor de la vida, lo que nos impulsa a avanzar y a evolucionar.
La curiosidad nos invita a explorar y descubrir cosas que no sabíamos. Es un impulso para dejar atrás el miedo y conectar con la energía que mueve la vida… una energía eterna, que nunca se acaba, una energía que se retroalimenta a sí misma, haciéndose cada vez más grande.
La curiosidad es una emoción expansiva que nos hace sentir parte del mundo en que vivimos, nos invita a explorar, a mirar con nuevos ojos realidades que siempre han estado ahí para nosotros.
La curiosidad nos conecta con el deseo de saber más, de aprender algo que no sabemos. La curiosidad no busca respuestas para controlar mejor la realidad… la curiosidad nace del anhelo de saber algo que hasta entonces no sabíamos. Nos convierte en detectives que averiguan nueva información, incorporándola a nuestro ser.
La curiosidad es muy potente para nuestro cerebro, cuando entramos en ese estado emocional, obtenemos una recompensa en forma de neurotransmisores como la dopamina (recompensa saludable) y la serotonina (equilibrio y bienestar emocional).
En un mundo de cansancio infinito por estar demasiado ocupados y estresados, la curiosidad se esconde porque no tiene espacio para ser. Es así como pasamos de la curiosidad y exploración del niño, adolescente y del joven, a sentir que como adultos, solo podemos sobrevivir. La realidad es otra, porque la curiosidad está deseando ser despertada por ti para volver a tu vida y darle ese toque mágico que siempre has querido experimentar.
El motor del crecimiento
El cambio nos habla de movimiento y el movimiento nos habla de crecimiento y evolución. Tanto para crecer como para conocernos mejor, la curiosidad es una disposición interna de apertura. Es conectar de nuevo con nuestra capacidad de observar las cosas sin juzgarlas, sin pensar si es “bueno o malo”.
Por eso la curiosidad nos invita al crecimiento, porque nos lleva más allá de lo que conocemos, nos invita a explorar más allá de las fronteras mentales que hemos construido, deseosos de comprender lo que no podíamos entender ni ver hasta ahora.
La curiosidad nos invita a ser flexibles, a derruir esas creencias antiguas que nos mantenían presos de realidades que ya no existen.
El crecimiento es un proceso consciente, no ocurre de manera espontánea, requiere cierto esfuerzo, cierta disposición. Con la curiosidad ocurre lo mismo, es un proceso consciente donde dirijo mi atención, energía y recursos a esa exploración ausente de juicio, aproximándome a lo desconocido con apertura mental, emocional, física y espiritual.
Nuestro propósito
El propósito general de todo ser humano, es aprender. Y no me refiero solo al conocimiento intelectual, me refiero al aprendizaje sobre uno mismo, sobre las emociones, sobre la mente, sobre las relaciones con otros seres sintientes (humanos, animales, plantas…).
La curiosidad es incompatible con el miedo, la ansiedad o el estrés. Porque la curiosidad nos abre mundos, mientras que el miedo, la ansiedad y el estrés, nos encierra en jaulas. Jaulas de repetición, jaulas de supervivencia, jaulas de huida.
El miedo nos paraliza, nos deja bloqueados, incapaces de hacer nada. La curiosidad nos moviliza, nos invita a explorar más allá. Para conectar con nuestra curiosidad necesitamos sentirnos seguros, solo así nuestro sistema nervioso estará en disposición de abrirnos la puerta a la curiosidad.
Cuando sentimos curiosidad, activamos la rama ventral del nervio vago, que nos habla de expansión, de bienestar, de conexión con otros seres, de regulación y co-regulación.
Cómo nutrir la curiosidad
La curiosidad, como toda emoción, se puede nutrir y a veces necesita ser regulada. En ocasiones, sentimos tanta curiosidad por tantas cosas, que necesitamos distanciarnos un poco de ese “hambre de saber”que es probable que oculte otras cosas de las que queremos huir (emociones, dificultades en nuestra vida, relaciones que no funcionan, etc.). Porque a veces, usamos la curiosidad como escudo para no mirar otras partes de nosotros.
Yo necesito nutrir mi curiosidad, algunas maneras en que lo hago son…
- Observar… para explorar: Observar requiere conexión con mis sentidos, con mi cuerpo, que siempre vive en el presente. La contemplación silenciosa de lo que me rodea, siempre logra calmarme y cuando entro en ese estado de relajación, puedo hallar respuestas que antes no podía ver. Ejercito mi observación de diferentes maneras… observando la naturaleza, contemplando los mensajes del libro que me estoy leyendo, observando a otros seres humanos afrontando la vida y sus dificultades, etc.
- Crear una esfera creativa: La curiosidad está muy conectada a la creatividad y siempre que quiero conectar con ambas, necesito crear una esfera que me conecte con ello. Esta esfera suele estar compuesta por música instrumental, relajante o con sonidos de naturaleza, olores como la lavanda, una luz suave y acogedora, etc. A veces me ayuda acudir a un entorno concreto de la naturaleza o estar en una habitación o lugar que considero seguro.
- Divagar: Gran parte de mi vida, transcurre con un pensamiento dirigido. Cuando tengo tiempo para descansar, me gusta dejar que mi mente divague libremente. Esta divagación carente de juicio, me ayuda a aceptar todo lo que trae mi mente, le doy espacio y observo como si fuera una espectadora. Esta divagación no me conecta con pensamientos negativos, está lejos de la rumiación. Esta divagación es sanadora para mí, conecta e integra ideas y aprendizajes, es un estado relajante donde mi mente es libre para pensar lo que quiera, sin resistencias ni limitaciones.
- Hacerme preguntas: La pregunta es una manera sencilla de rescatar nuestra curiosidad. Pueden ser preguntas sobre el mundo que nos rodea, sobre quiénes somos, sobre nuestras emociones o nuestro cuerpo. Cuando quiero conectar con mi curiosidad, hacerme preguntas y buscar sus respuestas, siempre me ayuda.
- Tiempo libre: Mi curiosidad no siempre está disponible, en el día a día aparece poco, por eso necesito tener tiempo libre para conectar con ella y nutrirla. Acudir a la naturaleza tiene la capacidad en mí de conectarme con la curiosidad.
- Conectar ideas y experiencia: Esta es la clave de la curiosidad. Nos ayuda a integrar lo aprendido, conecta lo que ya sabíamos con ideas nuevas y todo ello se consolida en sabiduría cuando lo conectamos con nuestra experiencia vital.
- Sentir el asombro: El asombroso es la experiencia de estar en presencia de algo vasto que trasciende nuestro entendimiento del mundo. Suele ser evocada por la naturaleza, el arte, estimula el maravillarse y la curiosidad. Además es predictor de niveles reducidos de citoquinas (menos inflamación física), se encuentra comúnmente en las experiencias cotidianas.
Espero que tras estas palabras, puedas conectar con tu curiosidad aprendas a nutrirla para seguir creciendo y evolucionando.
* Contenido creado por un ser humano en su totalidad. No ha sido consultada ninguna Inteligencia Artificial (No IA).
“No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”
– Albert Einstein –

