La terapia que realizo con mis pacientes, es la principal fuente de conocimiento e incluso diría, de sabiduría.
Aprendo tanto de las experiencias de mis pacientes, de sus estrategias para seguir adelante incluso cuando están destrozados, que me hace tener una visión de la humanidad llena de esperanza.
Una de las cosas que tengo claras, es que el ser humano afronta lo que sea con tal de sobrevivir. En parte creo que es un mandato biológico, algo que no podemos evitar porque está programado en nuestros genes.
Mucho se habla de las técnicas y herramientas psicológicas, pero yo creo que más allá de enfoques teóricos, lo importante en terapia y en la vida, es lo invisible. Y tiene mucho que ver con lo que aportamos al otro.
En terapia, como en la vida, trato siempre de estar presente para el otro. Puede parece algo suave y poco importante, pero ese apoyo silencioso, paciente y calmado, es lo que ayuda a la otra persona a abrirse y aceptarse un poco más.
Para mí, hay tres elementos esenciales e invisibles… sostener, contener y consolar. Pueden parecer cosas sutiles, pero tienen una fuerza inconmensurable. Vamos a explorar estos tres elementos…
Sostener…
Una de las primeras cosas que ocurren en terapia, desde la primera sesión, es que el terapeuta se convierte en un sostén para el otro, un lugar donde apoyarse, soltarse y descansar.
Literalmente, la RAE define “sostener” como… “Mantener algo o a alguien para que no se caiga o se mueva”.
Para mí, sostener en terapia (y en la vida) es dar permiso a la otra persona para que se caiga emocionalmente, para que se mueva emocionalmente. Es crear un espacio donde poder ser y sentir cualquier cosa.
Como terapeuta, sostener me conduce a la creación de un espacio seguro para el paciente. Y lo creo desde dentro de mí, desde mi cuerpo a través de mi sistema nervioso. Sé que mi sistema nervioso habla incluso cuando callo, sé que la energía que transmite a través de mi mirada, de mi tono de voz y movimientos, son capaces de regular al paciente. Por eso mi regulación es la clave para poder sostener las emociones y energía del otro y transformarlas alquímicamente en terapia.
Para el paciente, sostener es sentirse seguro para expresar lo que siente, para explorar sus emociones más allá de juicios, es también la confianza que se gesta entre ambos, es sentir que la terapia es su espacio de transformación a través de la comprensión.
Para las personas que me acompañan en la vida más allá de mi profesión como psicóloga, sostener tiene que ver con mi presencia calmada, cariñosa, siempre dispuesta a escuchar, dando estabilidad y seguridad.
Cuando llevas un tiempo sosteniendo a los demás en terapia, te das cuenta de que te llevas contigo esta capacidad de ser un lugar seguro para el otro, vayas a donde vayas. Da igual si es socializando, enseñando a otros, haciendo una entrevista o grabando un podcast… siento que sostengo al otro haga lo que haga.
Y por ende, me convierto en ese mismo sostén para mí… permitiéndome “caerme” emocionalmente, dejando que las emociones me visiten, escuchándolas, dándoles espacio y permitiendo que se vayan cuando lo necesiten.
La humildad me ha ayudado a abrirme a esa presencia compasiva que que brota de manera natural cuando me abro a mi propio dolor, aprendiendo a sostenerlo mientras dura, en lugar de evadirlo. Cuando sostengo, no juzgo, no critico, no promuevo el rencor… ayudo a entender las cosas para poder aceptarlas e integrarlas.
Cuando sostengo, señalo, pregunto, invito a que la mirada del otro se dirija al lugar correcto, porque no se trata de quedarnos atrapados en el dolor y sufrimiento, sino en entender quiénes somos, lo que nos ha condicionado a ser quienes somos hoy y las transformaciones constructivas que están a nuestro alcance. Este proceso que hago con otros, también lo hago conmigo desde esa mirada compasiva y amorosa.
… Para contener…
Otra de las labores que tengo en sesión como terapeuta, es contener. Podría decir que es una extensión de sostener al otro. Porque contener supone dar espacio para las emociones más extremas… aquellas que no queremos sentir pero que nos acompañan.
En la contención emocional, enseño al paciente a quedarse con su dolor, a que las emociones son cambiantes y que el sufrimiento no será eterno. Es un espacio de libertad emocional, donde sentir cualquier cosa, está bien. La contención emocional tiene muchos elementos…
- Empatía y ausencia de juicio o crítica.
- Escucha activa, sin dar nada por supuesto.
- Mi sistema nervioso transmite seguridad y calma.
- Regulación emocional del paciente y la mía propia.
- Validar sus emociones para que las acepte.
Yo ejerzo online, a través de una pantalla o del teléfono. No puedo dar la mano físicamente a mi paciente cuando lo necesita, no puedo abrazarle con mis brazos. Pero siempre le acompaño en sus emociones, en sus lágrimas, en sus logros. Con mi voz, abrazo su ser auténtico, lleno de vulnerabilidades. En ese espacio, somos un ser humano conectando con otro ser humano y creo que esa conexión es la más potente que podemos experimentar.
… Y consolar
El consuelo es conexión en acción. Consuelo a alguien a veces en el silencio de la presencia consciente, otras veces consuelo a través de mis palabras y silencios, practicando una respiración consciente y profunda e incluso a través de palabras de ánimo.
Consolar a alguien que está mal, que se siente triste o angustiado, es señal de nuestra humanidad. Hay quienes rechazan un abrazo compasivo porque lo confunden con lástima. El consuelo emocional se hace desde el amor, la lástima se hace desde el miedo. Siempre que consuelo, lo hago desde el amor por el otro.
Creo que el consuelo más potente, es silencioso. Tiene que ver con nuestra presencia tranquilizadora, con esa serenidad que llevamos dentro. Es un abrazo silencioso pero lleno de amor, es una palabra pronunciada con amor y amabilidad, es una mirada que sostiene, que acepta.
También me consuelo a mí misma emocionalmente. Llevo años nutriendo a mi adulta amorosa interna, que es amable consigo misma además de con los demás. Es el trabajo más duro al que me enfrento… pero el más importante para mi evolución como ser humano.
El objetivo de la terapia, es que tú puedas crear y nutrir a ese adulto amoroso interno que te apoyará el resto de tu vida… incluso cuando la terapia llegue a su fin. Porque la persona con la que pasarás el resto de tu vida, serás tú mismo o tú misma… por eso debes aprender a sostenerte, contenerte y consolarte.
* Contenido creado por un ser humano en su totalidad. No ha sido consultada ninguna Inteligencia Artificial (No IA).
“La peor agresión a nosotros mismos, la peor de todas, es permanecer ignorante por no tener el valor y el respeto de tratarnos a nosotros mismos con honestidad y ternura”
– Pema Chödrön –

